Escucha, si hay algo que he aprendido en más de treinta años de carrera, es que en esta profesión no puedes esconderte detrás de una bata blanca. Los pacientes no vienen buscando un currículum; vienen buscando a alguien que entienda por qué les duele la mandíbula al despertar o por qué les da miedo perder un diente.
Soy el Dr. Eugenio Palomero Martín, y mi historia con la odontología no empezó ayer. Empezó en las aulas de la Universidad Complutense de Madrid, donde me licencié en 1994. Pero, para ser sincero, la verdadera carrera empezó el día que atendí a mi primer paciente real.
De Madrid a Asturias: Una vida dedicada a la boca
Mis primeros años fueron de un aprendizaje intensivo en Madrid. Entre 1994 y 2002, pasé por clínicas como Santa Clara o Barragán, donde me empapé de la odontología general y la estética. Fue una época de «picar piedra», de entender los fundamentos. Pero pronto me di cuenta de algo: para ser un dentista que marque la diferencia, no basta con saber arreglar una caries. Hay que saber reconstruir desde la raíz.
Por eso, ya en 1997, decidí que mi camino era la Implantología y la Cirugía. Me formé en la Fundación Pierre Fauchard, no solo para poner implantes, sino para entender el tejido que los rodea: la encía. Porque un implante sin una encía sana es como una casa construida sobre arena.
La obsesión por el detalle: El equilibrio perfecto
Si algo me define es que no sé hacer las cosas a medias. A mediados de los 2000, empecé a ver a muchos pacientes que, a pesar de tener los dientes «arreglados», seguían sufriendo. Dolores de cabeza, ruidos al abrir la boca, tensión constante.
Eso me llevó hasta la Clínica Teknon de Barcelona en 2007. Allí me especialicé en Oclusión, Disfunción Temporomandibular y Dolor Orofacial. Aprendí que la boca es un sistema de ingeniería perfecto: si una pieza no encaja bien, todo el sistema sufre. Estudié con referentes como el Dr. Eduardo Anitua para entender cómo la «mordida» afecta a la calidad de vida. No se trata solo de que te veas bien en el espejo, se trata de que puedas comer, hablar y vivir sin dolor.
Esa búsqueda de la excelencia me llevó a convertirme en Experto Universitario en Periodoncia por la Universidad Europea de Madrid en 2008. Quería dominar cada milímetro de la salud de tus encías.
Director de mi propia visión
He tenido el honor de dirigir centros importantes, desde Unidental hasta Caredent en Gijón, pero siempre supe que para ofrecer la odontología en la que yo creo —una honesta, técnica y sin prisas— tenía que liderar mi propio espacio.
Desde 2011, en la Clínica Dental Palomero en Gijón, soy yo quien marca el estándar. No soy un dentista de paso; soy el responsable de cada decisión clínica. Además, sigo colaborando como cirujano e implantólogo exclusivo en clínicas de confianza, como la Clínica Dental Tapias, porque creo firmemente en el trabajo en equipo entre especialistas.
Por qué confían en mí (y por qué puedes hacerlo tú)
Cuando vienes a verme, te traes contigo treinta años de mi experiencia acumulada. He visto evolucionar la tecnología, desde las técnicas de carga inmediata hasta los materiales más avanzados de estética con porcelana y resinas.
Soy Socio de la SEPA (Sociedad Española de Periodoncia), lo que me obliga a estar siempre a la vanguardia.
He asistido a cinco simposios internacionales de implantología para no dejar de aprender nunca.
Pero, sobre todo, soy un profesional que cree en la ética. Si no necesitas un implante, no te lo voy a poner. Si tu problema es de oclusión, lo trataremos desde la raíz.
Mi filosofía es simple
No pretendo impresionarte con títulos complicados, aunque los tenga. Lo que quiero es que sepas que cuando te sientas en mi gabinete, estás en manos de alguien que ha dedicado cada año de su vida, desde 1992, a entender la complejidad de la salud oral.
Si buscas a un profesional que combine la veteranía de quien lo ha visto todo con la precisión técnica de quien nunca deja de estudiar, estaré encantado de recibirte en Gijón o en mis clínicas colaboradoras.
Al final, mi trabajo no va de dientes. Va de personas. Y mi mayor satisfacción es que, después de pasar por mis manos, vuelvas a sonreír con la seguridad de quien se sabe bien cuidado.
¿Te preocupa tu salud bucal o te duele al morder?
Me gustaría analizar tu caso personalmente y darte una solución basada en la experiencia real, no en promesas comerciales. ¿Programamos una consulta?